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La elección y la llegada del cachorro a casa

 



 

Muchas personas, la mayoría, no crían ellas mismas al cachorro, sino que lo compran.

Esto significa que no han tenido ningún control sobre los dos primeros meses de la vida del perro (es aconsejable no separar al cachorro de la madre y de sus hermanos).

Antes de pensar en la educación del cachorro, independientemente de la raza y la talla, es importante encontrar un ejemplar que haya recibido el trato adecuado en el primer periodo de su vida. Indudablemente, el mejor lugar es un criadero reconocido por la RSCE y especializado en la raza que nos interesa.

ELECCIÓN DEL CACHORRO IDÓNEO

 

En un buen criadero nos atenderá un experto de la raza. La elección no será difícil: nosotros le explicaremos el tipo de perro que queremos y las funciones que pretendemos encomendarle, y él nos aconsejará. En caso de negociar con un particular, deberemos comprobar que los cachorros hayan recibido los cuidados pertinentes.




LA REVISIÓN FÍSICA

Cada raza posee unas características propias muy concretas, en función de las cuales un cachorro es más o menos típico, es decir, se ajusta más o menos al ejemplar ideal de la raza. Por esta razón no se puede proponer un examen físico válido para todos los cachorros desde el punto de vista estético. Lo que sí podemos hacer, en cambio, es valorar su estado de salud o, mejor dicho, su grado de bienestar -puesto que no se trata de una visita médica- y lo podemos hacer analizando una serie de parámetros comunes a todas las razas: ojos, orejas, mucosas, abdomen, pelo, etc.

Los ojos del cachorro han de ser alegres, vivaces y, sobre todo, deben estar limpios. La secreción lacrimal abundante es siempre un mal indicio: si la secreción es líquida puede ser producto de una irritación (conjuntivitis); si está seca (legaña) es más alarmante porque puede ser un síntoma de moquillo. Atención: si sólo uno de los cachorros presenta síntomas de enfermedad infecciosa grave, no basta con descartar aquel ejemplar, porque es probable que se haya contagiado al resto de la camada, y que ese perro, quizá por ser el más débil, sea simplemente el primero en manifestar los síntomas.

Las mucosas han de estar bien pigmentadas (negras); hasta los dos meses la pigmentación puede ser incompleta. No es preocupante la presencia de alguna manchita rosada en el cachorro de muy corta edad; sin embargo, si persiste pasados los dos meses, se convierte en un defecto. El cachorro no tiene la dentadura definitiva, sino la de leche, y por tanto no se puede adivinar si será completa. En cambio, se puede apreciar si el cierre, que puede cambiar según la raza, es correcto.

 

El interior de las orejas ha de estar limpio y no debe emanar olor alguno. El mal olor puede deberse a la presencia de ácaros.




 

TIPOS DE CIERRE

La zona perianal debe verse limpia. las manchas amarillentas en el orificio anal indican que el perro ha tenido o tiene diarrea y, por tanto, problemas intestinales o parásitos.

En casi todas las razas, a los dos meses, el cachorro ha de tener los testículos completamente descendidos en el escroto; no siempre se ven, pero se pueden notar mediante palpación. En algunas razas (por ejemplo, el huskv) los testículos descienden a los tres o, incluso, los cuatro meses. la falta de un testículo (monorquidia) o de ambos (criptorquidia) es un problema hereditario que excluye al perro de las exposiciones y de la reproducción; por consiguiente, ante esta circunstancia, exigiremos una garantía al criador que cubra estos problemas. Recordemos que, además de ser una tara hereditaria, es decir, que se transmite a la descendencia, puede causar problemas al propio perro. En efecto, el testículo retenido dentro del abdomen recibe un calor excesivo y puede degenerar en tumor, por lo que ha de ser extirpado quirúrgicamente.

El abdomen terso o hinchado puede ser síntoma de parásitos intestinales. Tengamos en cuenta, no obstante, que después de comer todos los cachorros tienen el vientre terso e hinchado. Si es este el caso, habrá que observarlo nuevamente pasadas unas horas. La piel del vientre es lisa y rosada, sin pústulas ni enrojecimientos.

El pelo del cachorro es brillante y casi inodoro (exceptuando el olor normal «de litera». la presencia de una o dos pulgas no debe ser motivo de alarma, puesto que es prácticamente imposible eliminarlas todas de una camada, especialmente en un criadero. En cambio, una infestación de mayor entidad puede causar graves problemas de salud (anemia) y, en cualquier caso, es un claro indicio de mala gestión del criadero.

EL EXAMEN DEL CARÁCTER

La observación de los juegos entre hermanos nos permitirá formamos una idea bastante precisa del carácter de los cachorros: habrá el que intente ser el jefe y el que tenga un carácter más sumiso. Pero, cuidado: en una camada de cachorros de dos meses los papeles pueden cambiar varias veces al día. Por tanto, las indicaciones serán muy generales.

 

Hay una forma muy fácil de saber si los cachorros han recibido un imprinting correcto: colocarse entre ellos. Si nos hacen fiestas y quieren jugar con nosotros, no hay ninguna duda de que el imprinting es correcto.


El comportamiento «violento» del cachorro de la fotografía no es síntoma de un perro potencialmente agresivo. Simplemente, se divierte como un loco jugando con las personas, lo que significa que ha tenido un imprinting correcto. No son los casos como este los que deben suscitar preocupación (habrá tiempo de sobra para educar al pequeño terremoto), sino los casos de cachorros excesivamente tímidos o que dan muestras de temor ante la presencia humana.

Imprinting: El imprinting fue descubierto por el etólogo Konrad Lorenz, que estudiaba el comportamiento de las ocas.

Lorenz descubrió que los polluelos de oca consideraban como madre al primer animal (¡o persona!) que veían al salir del huevo.  Esto dio lugar a las célebres escenas del etólogo caminando seguido de una hilera de polluelos, convencidos de estar siguiendo a su madre, dispuestos a ir a donde él fuera.

El imprinting de las ocas en relación con el hombre, por muy equivocado que sea, es irreversible.

En efecto, las aves son animales que perciben la realidad circundante de forma predominante visual y, al no poder observarse ellas mismas, creen estar hechas a imagen y semejanza de lo primero que ven al salir del huevo, y luego no les resulta posible cambiar de idea.

El caso de los perros es distinto, porque es un animal de percepción olfativa y, por tanto, es perfectamente capaz de olerse a sí mismo.


Bibliografía: "La educación del cachorro"
(Valeria Rossi)
Ed. de Vecchi

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